Los ojos de papá
Hoy llegué a la casa cuando mi esposa estaba haciendo dormir a nuestro hijo. Felizmente no se había dormido aun, porque así pude recibir su besito de buenas noches. Dormir a Daniel Andrés es algo que hemos hecho durante los últimos dos años. Paola lo ha hecho muchas más veces que yo. Pero a pesar de haberlo hecho tantas veces, esta noche sentí algo especial. Al echarme a su costado, Danielito me miró y se acurrucó junto a mi hombro, me tomó de la mano y a los dos minutos ya estaba dormido. Le hice una señal a mi esposa indicándole que iba a cargarlo para llevarlo a su cuarto. Lo levanté con cuidado, caminé despacio hasta su cuna, le dí un beso en la frente y lo acosté y lo arropé.
Mientras lo miraba respirar lentamente, pensé en la forma en que Dios mira a sus hijos. Lo increíble es que los ojos de Dios no observan el exterior solamente, sino también lo más profundo del ser. Y lo que más me asombra es que, a pesar que ve nuestro corazón con todas sus desviaciones y oscuras intenciones e imperfecciones, aún así nos ama, aún así siente ternura, aún así quiere lo mejor para nosotros.
Una lágrima corrió por mi rostro. Ore al Señor por mi bebé y le di gracias por haberme hecho padre y porque al haberlo hecho, me permite entenderlo un poquito mejor.





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